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La obra de Over Luis Monje Hinojosa, ejemplo del neohistoricismo en Baracoa (I)

04/01/2013 06:27 Lic Lisandro Cantillo Beltrán 1455
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Obra de pintor baracoense Over Luis Monje Hinojosa

El orgullo por nuestra tierra natal se observa en los jóvenes que están dando continuidad al quehacer pictórico acumulado en Baracoa. Este es el caso de Over Luis Monje Hinojosa. Desde la mágica ciudad que le inspira y desde el panorama permeable e inverso de las costumbres de la Isla grande, se dibuja la frontera que marca el neohistoricismo en la obra de este artista.

Preámbulo para acercarnos a la obra de Over Luis Monje

El tema de este artículo tiene una trascendencia histórica para la plástica en Baracoa si consideramos que el neohistoricismo se manifiesta en muchas aristas de la vida artística del creador investigado a través de puntos coincidentes con esta tendencia de los años 80 que mantiene su influencia en la palestra plástica universal.

La bibliografía consultada sobre el tema refiere como el apropiacionismo o neohistoricismo es una feria de estilos anteriores en los cuales van a beber los artistas postmodernos para llevar este lenguaje a su contexto y sus raíces socioculturales, a fin de lograr una pieza artística con matices únicos e irrepetibles.

El plástico Over Luis Monje Hinojosa hace gala de las influencias antes expuestas para deleitarnos con una obra sui generis que es motivo de admiración y controversia cuando se toman elementos con una nueva concepción físico-formal del objeto artístico. El artista refleja con sus particularidades una nueva sensibilidad acorde a los nuevos tiempos, pero sin dejar de ser cubano, y baracoense por demás.

Sorprendentemente este artista, egresado de la Escuela de Instructores de Arte en la especialidad de plástica, se ha permeado de una cosmovisión del arte pictórico que tiene muchos cultores en el mundo y lo hacen más universal; una tendencia que ha sido acogida con magistralidad y estilo propio en la Primera Villa; asimilada y también enriquecida. Esto da medida del desarrollo a mediano y a largo plazos de esta singular forma de llevar ideas al lienzo a través de líneas y colores.

Para estudiar la historia de la plástica en Cuba, y en especial en Baracoa, debemos tener en cuenta varios siglos de dominación española y algunas décadas de explotación norteamericana hasta el advenimiento de la Revolución.

Los españoles llegan a la región de Baracoa el 27 de noviembre de 1492 y encuentran una civilización autóctona en estos parajes. Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa fue la  Primera Villa fundada en Cuba el 15 de agosto de 1511 por el adelantado Diego Velásquez. Fue capital por cuatro años pero debido a su lejanía geográfica y a la existencia de otras ciudades con mejores condiciones fue abandonada hasta convertirse siglos más tarde en la Cenicienta de Oriente.

En la Ciudad Paisaje la flora y fauna poseen encantos desde tiempos inmemoriales: el verdor intenso de sus paisajes; varios corrientes de aguas cristalinas, entre ellas el Toa, la más caudalosa de Cuba; tibaracones donde varios de sus ríos vierten el agua al mar, una de las grandes reservas hidrográficas del Caribe Insular…

Si hablamos de la singularidad de Baracoa nos referimos además a giros lingüísticos nacidos del ajiaco y mezcla de culturas. De la taína, existente en la Isla cuando llegaron los colonizadores, heredamos el bohío, las cayucas, los tramayos, los guayos, las hamacas, los morteros, el tabaco y toponímicos como Cabacú y Turey. También es herencia la mitología aborigen y su interpretación por muchos pintores de la localidad.

El aislamiento secular que sufre Baracoa a partir del año 1515 trajo consigo una situación sui géneris para los pobladores y el pueblo. Esto fue afianzando el sentido de pertenencia de sus moradores y con ella, características y especificidades en su desarrollo.

En el siglo XIX suceden acontecimientos que repercuten directamente en la composición étnica y la idiosincrasia de la población: la independencia de las Trece Colonias de Norteamérica, la Revolución Francesa y la Revolución de Haití iniciada en 1791 que triunfó el primero de enero de 1803. Esta última trajo a nuestras arenas varias familias francesas que aportaron sus experiencias en todos los ámbitos de la vida económica y social.

Estos nuevos habitantes impulsaron el cultivo del café, el cacao, el guineo, la canela, el  jengibre y el añil. Constituyeron un ingrediente más del ajiaco de la nacionalidad cubana, en especial de la cultura baracoense. La transculturización de lo nativo, español, francés y africano provocó una verdadera confluencia de heterogeneidades de las que no están ausentes sus artistas plásticos.

Los creadores de Baracoa plasman en lienzos sus encantos inmemoriales con un discurso conformado con la apropiación de los códigos vanguardistas y postmodernos entroncandos con la cultura nacional, matizados con motivos de su localidad y articulando un lenguaje basado en las influencias neohistoricistas  que le conceden a la plástica cubana y baracoana gran eficacia en la representación de lo autóctono baracoense.

A partir del triunfo revolucionario el primero de enero de 1959 las artes plásticas en Baracoa comienzan un acelerado desarrollo. La génesis debemos observarla a partir de 1960 con la llegada de los primeros instructores de artes plásticas. A partir de este momento en la Primera Villa se vienen sucediendo generaciones prestigiosas de pintores.

En Alas, una de las propuestas pictóricas contemporáneas, se aprecia esa forma variada de enfocar los temas concernientes a su ciudad natal tales como: la iglesia, la Cruz de la Parra, la Polimita, los paisaje campestres y citadinos, cacao, café, coco, bohíos, cayucas, guineos; todo esto combinado con rostros de auténticos matices locales y la presencia campesina.

Las creaciones de todas estas generaciones de pintores baracoanos -procedentes de academias o autodidactas guiados por un maestro graduado de las mismas- van a estar influenciadas por los diferentes movimientos  pictóricos por los que ha transitado la historia del arte universal, fusionándolos con personalidad propia. Estos maestros han legado a sus condiscípulos el respeto y admiración por los grandes del arte pictórico universal, pero no con una forma mimética, sino apropiándose de estilos con un fin superador, dándole singularidad y otros matices conceptuales postmodernos que nos llevan ha llamado neohistoricismo.

Según el especialista Rosendo Romero Suárez: "Los artistas muestran una expresividad fluida que oxigena la cultura de todos, al manipular algunas de las vastas posibilidades de expresión que ofrece el arte postmoderno. Así llevan de la mano la desacralización, teniendo como referente a nuestro espacio vital".

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