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Punta de Silencio en la mira de un baracoense

18/10/2012 19:04 Yenelis Vera Abad yenelis@cmdx.icrt.cu Foto: Yenelis 709
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José Roselló Delgado,

El triunfo de la Revolución Cubana fue un momento de gran significación para el pueblo, que al fin se despojaba de una cadena de males sociales originados por los gobiernos estadounidenses de turno en la etapa neocolonial.

Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el empeño de recuperar el territorio cubano, organizaron un sin número de invasiones mercenarias, enfrentadas por el pueblo como protagonista.

En fecha como la de hoy, en la que se recuerda y rinde tributo a los mártires milicianos que entregaron su vida por defender la soberanía, José Roselló Delgado, o Pepe, como también se le conoce, nos habla con la mano en el pecho al rememorar sucesos que hoy forman parte de la historia de Baracoa.

“En 1970 yo era presidente del poder local del municipal Sabana, de la antigua división política de Baracoa. El 16 o 17 de abril de ese año desembarcaron mercenarios por Punta de Silencio, del lado allá del río Yumurí. Ellos tenían una preparación militar muy buena y llegaron hasta la entrada de Sabana, donde se quedaron en una finquita y  apresaron a un campesino. Después partieron y se metieron en la zona de Velete.

Como a las 6:00 a.m, a mí como presidente del poder local se me dio la misión de ir a Los Ranchos, de los Ranchos a Velete y de Velete al Paso de la Mandinguera. De ahí subí a Sabana avisando casa por casa a todos los efectivos revolucionarios del pueblo de que había una penetración mercenaria. Ya los invasores habían tenido un pequeño combate en Yumurí, donde todos fueron capturados.

Esa operación duró diez días. Al frente de ella venía Vicente Méndez, un capitán contrarevolucionario que traía la misión de constituir  una cabeza de playa para tratar de hacer un gobierno. ¡Hasta un camarógrafo de la televisión de allá de Miami que era cubano y se llamaba Guayo vino con ellos, y se fue en el mismo barco que lo trajo!”

En un instante de emoción, Pepe recuerda a sus compañeros caídos y se le llenan los ojos de lágrimas:

“Ellos llegaron a matar a cinco compañeros nuestros, entre ellos al Teniente Ramón Guevara Montano, José Antonio Sánchez Marzo y De la Rosa Callamo. José Antonio era de Sabana, criado allí en el barrio, con nosotros.

En aquel combate participaron además el Comandante Tomasevich,  “El Villa” y Ernesto Monzeno, de conjunto con todos los milicianos de Baracoa, Maisí y de otras regiones de la actual provincia de Guantánamo. Los atacantes dieron resistencia porque se escondieron mucho y la zona era muy abrupta y montañosa”.

Pepe hace una pausa y recuerda con orgullo las palabras de Fidel:

“Hasta el Comandante en Jefe estuvo en Sabana; y en Gran Tierra, ante los cadáveres de los milicianos muertos dijo aquella frase de que “a los milicianos de Baracoa no se les escapaba ni una jutía y que no le quedaban muchos días para ser capturados”. ¡Y se capturaron!”

“Después se decidió crear obeliscos donde habían caído los mártires y recuerdo que hubo que darle candela a la zona para poder chapear. Teníamos que cargar el agua en mulo desde el rio Yumurí y la arena y todo porque era un lugar realmente inaccesible.

Hoy en día, para esta fecha y todos los años, el pueblo de Sabana va a los obeliscos a recordar a esos compañeros que en un momento tan decisivo sirvieron de ejemplo, al dar un paso al frente para apoyar y conservar lo que con tanto esfuerzo se había logrado.”

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