Aniversario 61 del Triunfo de la Revolución Cubana

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Entre el milagro y la fe (+ Podcasts)

25/09/2019 00:00 Arelis Alba arelisac@enet.cu 799
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Wilfredo Savó Hinojosa Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda
Wilfredo Savó Hinojosa Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda

(Segunda parte de la entrevista Las nubes oscuras de Savó)

Escepticismo, resignación y esperanza son sentimientos en pugna que afloran ora uno, ora otro, en la conversación con el baracoense Wilfredo Savó Hinojosa.

Es la misma amalgama comprensible que he visto desbordarse en otros residentes del barrio La Playita, atrapados por la magia provocadora –y al mismo tiempo amenazante- del paisaje y la endeblez de las casuchas arrinconadas entre la marea y el mar.

Wilfredo siempre ha vivido aquí: “Desde que nací, hace 65 años” y ha visto un asentamiento otrora populoso convertirse en un puñado de “facilidades temporales” que parecen prontas a esfumarse ante cualquier brisa o corriente embravecida.

Más que sus palabras, su expresión crispada esboza seis décadas de historia.

Metamorfosis

  • Testimonio de Wilfredo Savó sobre transformación del barrio La Playita

“Antes había casas de lado y lado, y calles… pero partir del cambio climático ha ido en deterioro. Mire usted, ya ha desparecido prácticamente el barrio, y nosotros estamos a punto de sucumbir porque en cuanto venga una crecida, ¡nos toca!

Este caserío tenía un promedio, te voy a decir, de 400 casas. Se extendía hasta El Turey. Yo llegué a vivir en casa de mi abuela, frente a los hierros de Saratoga. Del lado de acá había dos ventorrillos, y del lado de allá otro ventorrillo y una tienda que se mantuvo hasta la Revolución, parte del barrio cogíamos el censo ahí.

Los carros transitaban normalmente por aquí. ¿Frente a la shopping de Primero de Abril[1] no hay una entrada?... por ahí había una calle que entraba para acá y un puente por donde los carros pasaban. Y por la otra esquina estaba el muelle y de ahí había también un desvío para acá.

Todo eso se ha ido perdiendo. De la parte de allá de la marea[2] las casas han crecido y se han ampliado. Aquí no, nuevas no hay, al contrario, han disminuido. ¡Oh!, ¡cantidad! Vivienda ahora hay 24. É lo que hay.

En cuanto al mar, estaba distante, nunca hizo daño. Y el río[3] pasaba por allá atrás, lejos de las casas, y desembocaba en la boquita. Nunca jamás ninguno ni al patio entró”.

Todo es causa del hombre

  • Savó habla de causas y consecuencias

El cubano tiene una explicación para todo. ¿Por qué aquí tendría que ser distinto?

“Antes de Matthew[4] por aquí habían pasado ya unas cuantas crecidas[5] que nos traían trastornos y nos llenaban el patio, pero no llegaba aquí alante.

En realidad todo es causa del hombre, del deterioro del medio ambiente por el hombre. Y el Estado ha tenido también la culpa porque no ha tomado medidas precisas con la gente.

Mira, ese barrio completo[6], esas casas estaban aproximadamente como a ocho o diez metros de distancia. Se han ido corriendo para acá y ya están pegadas al patio de nosotros. Hay viviendas que llegan al medio de la marea, montadas en pilotes. ¿Vivienda[7] no ve eso?... Hasta cierto punto permitieron esas cosas.

Y por otra parte, a la bahía esta[8] no se le ha dado condiciones. Se deterioró el burén, una piedra que tenía en el centro, donde está el barco viejo, que era un sostén natural contra las olas. Lo dinamitaron y lo destruyeron. Mi papá, un anciano que conocía, les dijo que eso no debían hacerlo así, pero dijeron que ellos eran los que sabían.

Ahora el río se ha desviado. Su cauce natural lo ha destruido la gente construyendo viviendas. Como no tiene por dónde pasar, tiende a buscar otra vía y por eso se ha cogido prácticamente la calle del barrio”.

Un temporal para toda la vida

Las consecuencias no hace falta preguntarlas. Saltan a la vista. Pero Savó no va a perder la oportunidad de desahogarse.

“Cuando niño yo nunca vi el mar meterse aquí. Pero ahora viene, bate ahí y se faja con el río, y como el río no tiene el cauce natural del él… ¡Ya sabe! Seguro sigue caminando y nos va a tragar cualquier día cuando venga. Eso es lo que más nos está deteriorando”.

Según Savó y otros vecinos de La Playita, las condiciones de vida se han deteriorado más después del paso del huracán Matthew.

“Ya el mar sale y esto se llena. Ahora es más delicado, sí, más delicado… Además, todas estas viviendas fueron destrucción total. Estamos metidos en un temporal, como lo nombran, pero dicho temporal a va ser para toda la vida”.

  • Savó habla de lo sucedido después de Matthew

Queremos casa

Hay amargura y cierto reproche en su voz. Inconscientemente me preparo para una larga diatriba.

“Cuando Matthew destruyó todo esto, nosotros corrimos e instalamos nuestras casitas con los pedazos que recuperamos. A los 20 días querían sacarnos de aquí, que rompiéramos lo que habíamos hecho y nos fuéramos para Cagüasey. Nos dieron diez palos rollizos y 50 tejas prietas.

Nosotros nos pusimos de punta y no quisimos ir para allá. Si volvíamos a desbaratar lo que se había hecho, ya no servía para nada más. Además, ¿qué condiciones había en Cagüasey? Nada, eso era ahí un tiradero, un fanguero terrible. En realidad nosotros queremos ir para una casa, y no que nos alberguen o nos tiren por ahí, ¿entiende?

Al poco tiempo vinieron y nos dijeron que para Paso de Cuba, allá en la quimbamba. ¿Por qué tengo que ir para Paso de Cuba? Este barrio debía ser priorizado porque tiene tantos años de estar en esa situación y fue el primero que estuvo en plan desde la Revolución. Hacen barrio aquí, allá y acullá, y al final, nos abandonan”.

Sé que Savó se refiere a su familia, aunque hable en plural, porque en su narración, a ratos contradictoria, reconoce que varios de los vecinos de La Playita ya habitan en nuevas moradas alejadas del mar: “El barrio completo lo han ido sacando por grupitos, pero en cada grupito metían gente que no se sabe de dónde salía”.

Intenta mostrarme desde su lógica simple lo que él cree la mejor solución: mudar el caserío de una sola vez, y me explica las razones de su descontento.

“¿Desde cuándo dicen que este barrio se va a mudar? Bueno, mira, el reparto Turey lo hicieron para mudar este barrio. Cuando pasó el ciclón Flora, acabó con aquella playa, y metieron a los afectados ahí. Después hicieron el reparto Flora, que son unas casitas de fibro que están detrás, y también se las entregaron a otra gente. Más tarde construyeron Reforma Urbana, Van Van… y mudaron algunos vecinos de La Playita; los demás estamos aquí.

Para nosotros se concibió la comunidad de La Aceitera. Se hizo una microbrigada para que cada quien construyera su casa. Yo pedí que me liberaran en mi centro de trabajo y no aceptaron. Al final se terminó el asentamiento y viven allí como seis familias que salieron de aquí, las demás no sé de dónde las sacaron.

Algunos años antes de este último ciclón, se edificaron 30 apartamentos en Bohorque. Nos dijeron que eran para sacar las 24 familias que quedábamos aquí y sobraban seis para otros asuntos. Fue lo contrario, les dieron los seis sobrantes a algunos vecinos de La Playita y el resto tuvo otro destino. Después del ciclón están levantando esos edificios forsa y han sacado a unas pocas gentes porque el río ya se los estaba llevando.

  • Savó propone solución definitiva para los pobladores de La Playita

Cuando pasó Matthew aquí quedaban nada más 14 viviendas. ¿Qué hizo la gente? Construyó más. Ahora hay 24. ¿Culpables? Lo he dicho dondequiera: esto se resuelve cuando digan vamos a sacar el barrio completo, como querían hacer cuando Bohorque. Mientras den una casa aquí, otra allá, una hoy, otra mañana, los demás inventan porque las familias siguen creciendo y nunca van a terminar con el problema de La Playita”.

Declaración de fe

  • Savó declara su fe

Y otra vez se enturbia la mirada de este hombre curtido por los años y el salitre.

“Mira como vivo, un hombre que se ha dedicado a trabajar. Yo he sido sencillamente un creador de la sociedad, Máster en Ciencias de la Educación, 45 años como maestro: toda una vida.

Pero, en fin, estoy aquí hasta que me toque. Si mañana viene un temporal y me lleva, ¡mala suerte! Estoy resignado porque desde que nací casi, oigo que van a mudar y a mudar.

Ahora dicen que empezaron ahí arriba del motel[9] dos primeros edificios para los militares, y más allá van a hacer otros para nosotros... ¡dicen ellos! Yo cuando lo vea lo creo porque de niño estoy mirando esto, que esto no e de ahora”.

Pero allá, muy en el fondo, titila entre las nubes grises un destello de luz.

“No sé si hay un milagro y me corresponda una vivienda de esas que están haciendo. Dicen que son para nosotros, ¿quién sabe? ¿Qué vamos a hacer?: seguir esperando. Y tener fe. Yo tengo fe en los de allá arriba[10]. Veremos a ver qué es lo que pasa”.


[1] Calle Primero de Abril.

[2] Casas ubicadas en la calle Primero de Abril, cuyo fondo da a la marea.

[3] Río Macaguanigua.

[4] Huracán Matthew, cuyo ojo atravesó el territorio de Baracoa entre la noche del 4 y la madrugada del 5 de octubre de 2016.

[5] Se refiere tanto a las crecidas del río Macaguanigua como a las aguas desbordadas del arroyo Cagüasey que en los últimos años, durante lluvias intensas, inundan la zona.

[6] Viviendas de la calle Primero de Abril.

[7] Dirección  Municipal de la Vivienda en Baracoa.

[8] Bahía de Baracoa.

[9] Hotel El Castillo.

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