Aniversario 61 del Triunfo de la Revolución Cubana

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Las nubes oscuras de Savó (+ Podcast)

21/09/2019 00:00 Arelis Alba arelisac@enet.cu 945
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Wilfredo Savó Hinojosa  Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda
Wilfredo Savó Hinojosa Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda

Lo encontramos tomando el fresco a orillas de la playa Saratoga, a pocos metros de su casa. Nos había contado un vecino que aquella noche del 4 de octubre de 2016 él fue uno de los pocos que, desoyendo las advertencias de la Defensa Civil, no dejó su casa para ir a un lugar seguro. Los aullidos y embestidas de Matthew le devolvieron a Wilfredo Savó Hinojosa la cordura justo a tiempo para salvar la vida.

  • Escuche testimonio de Wilfredo Savó 

“Nosotros, cuatro hermanos y un sobrino, nos quedamos aquí. El problema fue que la electricidad se fue temprano, a la diez de la mañana. A esa hora decían en la radio y la televisión que iba a salir entre Santiago y Granma, así que yo dije: ese no nos va a afectar. Yo sé un poquito de geografía, me confié, no oímos el parte actualizado. Después él se desvió al llegar a la costa sur.

Jamás, jamás yo me había ido de la casa. Inclusive cuando el ciclón que había pasado cuatro o cinco años antes*, yo tenía una puerca parida y la metí en la cocina. Por poco pierdo los puerquitos, los dejé en el corral y ya se iba uno, pero nada más.

Cuando eso estaba casado y mandé a la esposa para el otro lado. A la niña siempre en situaciones como esta la mando para casa del primo. Sin embargo, ese no hizo nada. Al otro día limpiar la cocina, que entró el fango y el agua. Eso y ya, todo bien. Pero este sí, fue lo último… ¡Vaye, el del siglo!”.

Insisto incrédula ante el hecho de que, viviendo en una zona vulnerable en extremo, no pudiera anticipar el peligro.

"¿Centro de evacuación? ¡Sí hay! La gente de aquí se mete en la Pesca o se va para el centro escolar donde yo trabajo. Pero… ¿para qué voy a ir para allá, pensé, si esto en realidad se desvía? Si va a salir por Granma a mí ni me toca, porque el otro pasó un poquito cerca, y no hizo daño, ¿entiende?".

En verdad no entiendo, pero puedo ver nubes tan oscuras en sus ojos como la tormenta de aquel día.

"No teníamos idea de por donde venía. Como a las nueve de la noche, antes de parar el ojo, no se podía uno sostener… era el agua, y un viento terrible y un ruido que parecían fieras. Uno que mudaron hace poco, que vivía aquí al lado, se quedó traumatizado detrás de una puerta; solo la puerta, la casa se la llevó completa.

Entonces decidimos irnos. No había por donde pasar porque las olas aquí cruzaban por encima de las casas. Pasamos en dos poliespumas grandes, de esas de hacer viviendas. Nos montamos sobre ellas y nos agarramos de los mangles. Salimos a Primero de Abril y nos metimos en la Pesca. El agua nos daba por la cintura afuera en la calle. 

Pero entonces, niña, después vino una calma terrible. Dice mi hermano: ¿nos vamos? Y le digo: ¡No!, ahora es que hay peligro".

A alguien que ha vivido toda su vida en Patricio Lumumba no puede sorprenderle la fuerza destructiva del mar o del río, ni siquiera cuando se juntan para arrasarlo todo a su paso y esta vez, con el viento infernal como aliado. Eso creía Wilfredo hasta el amanecer del 5 de octubre.

"Aquello acabó. Nosotros dejamos techo y cuando fuimos por la mañana no había nada. Refrigerador, televisor, ventiladores, todo envuelto en una lona, habían rodado y dado vueltas por la base de la casa, que era lo único que quedaba, y el DVD enterrado en la arena. Mire, el juego de comedor nuevo, las sillas están marcadas por donde quiera, yo las amarré y las subí arriba de la mesa, Matthew rompió todo eso. Una calamidad".

Asegura la sabiduría popular que de los malos momentos se sacan las mejores experiencias. Savó da fe de eso.

"Cuando anunciaron a María recogí lo poco que tenía y me lo llevé de aquí: el refrigerador recién reparado, el televisor que tuve que llevar como diez veces al consolidado, el DVD que solo coge memoria, los ventiladores que también se echaron a perder, como ese de la sala, que se quedó sin aspa y lo arreglé. Anoche se me desmanteló de nuevo, así que todavía estoy sufriendo las consecuencias de Matthew, un desastre tal que me costó los poquitos ahorros que tenía".

Pero ni Irma ni María dejaron mucho rastro tras sí en Baracoa. Con el tiempo y los nuevos anuncios de tormentas pasando de largo, esta historia podría quedar en el olvido.

"¡Qué va! Esto nunca más ha sido lo mismo. Después de eso cuando hay mal tiempo el río penetra por atrás y el mar por delante, y acaban. Te mojan todo, te llevan lo que tengas bajito. Si es con viento, las casas estas que son ranchos... ¡imagínate! Este barrio, en realidad, en tiempo de tormenta, es inhabitable.

Ahora cada vez que oiga que se está acercando un ciclón tendré que irme, ya veo que no me puedo quedar. Pase o no pase, hago como cuando María, que cargué los tarequitos con mil trabajo y me fui, ¿entiende?".

Sí, esta vez sí entiendo.

     * Se refiere al huracán Sandy, en octubre de 2012.

Continúa...

Segunda parte: Entre el milagro y la fe

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