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Entrevista de un regreso anunciado (+ Podcast + Video)

08/03/2019 12:17 Arelis Alba arelisac@enet.cu 459
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Enedina Bartutis Romero, periodista baracoesa Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda
Enedina Bartutis Romero, periodista baracoesa Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda

Llegó sin proponérselo a la radio y al periodismo, que para ella son lo mismo. Casi por casualidad, confiesa; y sin embargo, se quedó para toda la vida.

"En 1973 yo había terminado la secundaria e iba a continuar mis estudios cuando un día, sin esperarlo, fueron a buscarme a la casa y me propusieron comenzar a trabajar en la emisora".

Enedina Bartutis Romero recuerda ese día como una película proyectada una y otra vez en sus recuerdos. Un carro se detiene frente a su casa. Ella mira el televisor, pero su subconsciente la alerta. Primero entra Miriam Rodríguez, con quien había compartido membresía en el Consejo Regional de la FEEM. La acompañan Marlenis Rodríguez y Rosa Elena Durán, compañeras de dirigencia estudiantil y militancia comunista.

La propuesta la toma por sorpresa. La considera entonces una broma de gente joven y divertida que quiere, también, divertirse a costa de los demás. Piensa que quizás en el fondo ellas estaban enteradas de su anhelo inconfeso, alertadas por algún suspiro escapado al pasar por la calle frente a la emisora, de camino a la escuela. ¿Habrían escuchado acaso sus balbuceos más secretos?

Nada puede sacar de paso a Enedina. Tampoco entonces. Indecisa por un instante entre seguir la corriente a sus jovencísimas amigas o hacer guasa juntas, entra un nuevo actor en escena y le hace entender de golpe que la invitación va en serio. José Antonio Turro, director de La Voz del Toa, le sostiene una mirada donde no cabe la duda:

    - Sí, es cierto. Estamos buscando personas que nos ayuden en el trabajo en la radio.

Y no se equivocaron al escogerla. Tenía solo 16 años. Medio siglo después su existencia aún permanece ligada al medio de prensa.

       * Escuche testimonio de Enedina 

"Empecé recepcionando las notas de los corresponsales voluntarios. Después aprendí a redactar las informaciones. Yo fui redactora un tiempo. Éramos los responsables de reelaborar lo que enviaban los corresponsales y decidir en qué espacio se iba a publicar. Más tarde hice la gestión y matriculé en la universidad para estudiar periodismo.

También atendí un círculo de interés que tenía la emisora. Los niños y adolescentes se desempeñaban muy bien como corresponsales estudiantiles. Participamos en eventos provinciales y fuimos reconocidos por esta labor que realizábamos con la nueva generación".

Como otros sucesos que llegaron por azar, y no por eso son menos meritorios, Enedina abrió a la mujer el camino del periodismo en Baracoa.

"Graduada de academia, y colegiada, yo fui la primera mujer en ejercer de forma regular el periodismo en Baracoa. Hubo antes alguna baracoesa trabajando en medios nacionales, y ocasionalmente otras escribieron para periódicos locales en etapas precedentes, pero no como profesionales ni con asiduidad".

Casi agonizando el siglo XX un colega -por aquel entonces directivo de prensa-creía ver un divorcio insalvable entre mujer y periodismo. Enedina se empeñaba, desde mucho antes, en desmentirlo.

"Yo tenía el firme propósito no solo de ser periodista, sino de desempeñarme con altura en la profesión. No puedo negar que fue difícil, había mucho machismo en la sociedad y dentro de la propia emisora.

Recuerdo un día que mi hija pequeña, Eisel, estaba con fiebre muy alta y yo tenía una cobertura periodística. Planteé en el trabajo mi necesidad de llevarla al médico y que otra persona cubriera el acontecimiento, pero me dijeron tajantemente que en periodismo no había una universidad para hombres y otra para mujeres, lo que yo debía saber antes de escoger la carrera. Tuve que ingeniármelas sola para buscar una solución y fue una vecina la que se encargó de llevar a la niña al hospital y cuidar de ella en horario laboral ese y los días siguientes hasta su recuperación.

Fueron muchas las jornadas, cuando me tocaba la redacción del noticiero o los boletines, en que tenía que cargar para la emisora con leche, almohada, sábanas… y acostar a los pequeños en un sillón del departamento hasta que terminara mi turno de trabajo.

En esa época se hacían movilizaciones casi todos los domingos para la siembra de pinos en la zona de Palma Clara. Allá se iban también los muchachos. Ese día había que madrugar para preparar el almuerzo y otros avituallamientos. Hasta en situaciones peligrosas estuvieron envueltos, como aquel día en que bajamos la falda de una loma y atravesamos un río para cruzar hacia la otra jalda. Al regreso el arroyo estaba crecido y el carro no pudo pasar hasta muchas horas después.

Ernesto, mi hijo menor, conoce casi todos los montes de Baracoa porque me acompañaba siempre en mis andanzas periodísticas, en parte porque no tenía quién me lo cuidara, y también porque eran días de salir oscuro y no saber cuándo se regresaba a casa, así que prefería llevarlo conmigo.

¿Y qué puedo decirte de aquellas reuniones interminables en la sede del Partido en las que tenía que participar como periodista? Si eran fin de semana o fuera del horario de funcionamiento de las escuelas y círculos infantiles, lo que pasaba con mucha frecuencia, tenía que dejar al pequeño en el jardín para que no interrumpiera o se intranquilizara. Gracias que las cocineras, auxiliares y recepconistas me decían: ¡déjamelo aquí!, y se encargaban de él, incluso hasta lo alimentaban si le cogía allí el horario de comida.

Todo eso lo pasaron nuestros hijos, no solo los míos, ni solo por ser yo periodista, aunque no se puede obviar lo esforzado de mi trabajo en particular. Era un tiempo de gran compromiso y las mujeres nos ganamos a base de mucho sacrificio un lugar y un respeto en la sociedad, pasando por encima de incomprensiones, zancadillas, cuestionamientos…"

Cuando un accidente de trabajo robó agilidad a sus pasos y los años agregaron el resto, comprendió que el tiempo de reportera quedaba atrás. Pero sus recios huesos no estaban moldeados para el descanso y volvió al ruedo. Ya no podía desandar las calles pero sí andar el periodismo de una manera otra e igual de necesaria.

"Me preparé como directora de programas pero no ejercí habitualmente como tal hasta que, después de jubilada, decido al poco tiempo reincorporarme al trabajo de la radio. Dirigir programas informativos es otra forma de hacer periodismo. Ya no estás en la calle pero tu formación te guía a la hora de seleccionar y organizar la información que le llevas a la audiencia, escoger y proponer los temas que conformarán la agenda mediática, tomar decisiones sobre las prioridades editoriales, intencionar la noticia, buscar el equilibrio necesario entre el contenido periodístico y su forma de presentación para hacerlo más atractivo".

La vida… ¡hay la vida que tantas sacudidas pega!, volvió a alejarla de la radio. Convaleciente de una enfermedad que no pudo domar su inagotable y apacible fuente de energía, su mente ya desanda otra vez los pasillos de la emisora, mientras su cuerpo recupera fuerzas para regresar a la que siempre será su casa.

"Siempre voy a estar vinculada a la radio y siempre van a poder contar conmigo para impartir talleres, hacer algunas coberturas periodísticas, escribir ciertos trabajos de género… como ya lo vengo haciendo. Es una forma de sentirme útil, de aportar a los demás el conocimiento acumulado en 50 años de ejercicio profesional.

Hay personas que me critican, yo sé que preocupados por mi salud. Pero ellos no pueden entender porque no saben lo que es la radio. La radio atrapa, es un medio que después que lo has conocido, es difícil desprenderse de él. Por eso yo les digo que no estoy regresando a la radio porque en realidad nunca me he ido de ella. Cuando la amas, está dentro de ti. Simplemente, no te puedes apartar".

Video cortesía de Primadavisión. Entrevistador: Yendrys Muguercia

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