Desde la comunidad, hacemos Cuba

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Una lección desde la historia

22/02/2019 10:07 Arelis Alba arelisac@enet.cu 455
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Como en el actual proceso constitucional cubano, el Anteproyecto de la ley de leyes en 1940 se sometió a una amplia consulta popular Foto: Archivo
Como en el actual proceso constitucional cubano, el Anteproyecto de la ley de leyes en 1940 se sometió a una amplia consulta popular Foto: Archivo

El proceso constitucional que convoca hoy a los cubanos nos ha permitido reconocernos mejor como nación. Y parte de ese examen pasa por el conocimiento de la historia nacional.

Aunque, con mucha justeza, se ha hablado con frecuencia en los últimos meses de la Constitución del 40, resaltando el hecho de que en su momento llegó a ser una de las más avanzadas del mundo, tengo la impresión de que cuanto se dice no pasa de ser en el imaginario de muchos una pincelada histórica más, que en el mejor de los casos reafirma nuestra identidad, pero encuentra pocos asideros hacia la contemporaneidad.

A mí, sin embargo, me llama poderosamente la atención los muchos puntos de contacto que tienen estos dos procesos que ha vivido nuestra nación en épocas históricas muy diferentes, y las coincidencias en letra y espíritu entre ambos textos constitucionales.

La Constitución del 40 convocó a cubanos de todos los estratos y clases sociales: las mujeres abogaron por la legalización del aborto, los estudiantes por el progreso económico y cultural de las mayorías, obreros y campesinos propusieron impostergables reivindicaciones laborales y sociales, los jóvenes se movilizaron en un frente común para reclamar la Asamblea Constituyente, los comunistas encabezaron la lucha política desde una legalidad y visibilización pública nunca antes vista en el país…

Setenta y ocho años después otro proceso constituyente moviliza con igual fuerza la opinión y la voluntad públicas dentro y fuera del país, en reuniones formales e informales, públicas o privadas, laicas o religiosas, organizadas o espontáneas…

Y por más raro que parezca, los temas en discusión siguen siendo los mismos.

Echemos un vistazo a algunas de las cláusulas contenidas en la Constitución del 40: todos los ciudadanos cubanos son iguales ante la ley, se consideran punibles las discriminaciones de cualquier tipo, es una obligación del Estado el derecho de los trabajadores a tener "una existencia digna".¿Resultan familiares estos enunciados?

No solo eso. La constitución del 40 estableció una amplia gama de derechos, fue la primera en América Latina en ir más allá de los civiles y políticos para proteger también los económicos y sociales, reformulándolos de manera tal que no estuvieran referidos solo a individuos, sino también a grupos sociales. Instituyó derechos en defensa de los sectores más desprotegidos: mujeres trabajadoras, embarazadas, niños. Dio por sentado la igualdad de la mujer y concedió protección especial a la familia.

Sus postulados reconocen la autonomía de movimiento que incluía la entrada y salida libre del país, la libertad de reunión, de religión, de pensamiento y de expresión, el secreto de la correspondencia, la inviolabilidad del domicilio. Al igual que el texto por el que votamos ahora los cubanos establecía la presunción de la inocencia, que las leyes no tendrían efecto retroactivo y el derecho de hábeas corpus.

En cuanto al trabajo, lo reconocía como un derecho inalienable del hombre, pautaba igual pago por igual trabajo y sin distinciones de género y dejaba sentado los derechos de la mujer trabajadora a la maternidad.

Otras conquistas sociales refrendadas fueron la educación general y gratuita, la salud pública al alcance de todos y la protección contra la invalidez mediante un sistema de pensiones y seguros.

Aunque muy diferentes en su base económica, la Cuba de inicios de la década del 40 del siglo XX tenía aspiraciones y necesidades comunes a la de la actualidad que fueron visionariamente plasmadas en la ley suprema aprobada entonces: la función social de la propiedad y la intervención estatal en la economía, la proscripción del latifundio, el dominio exclusivo del Estado sobre el subsuelo, la aprobación obligatoria del presupuesto anual para el funcionamiento del Estado.

Las miradas confluyen incluso en temas como la expropiación, justificada solo por razones de utilidad pública y con la correspondiente compensación; o la organización estatal a partir de la concepción del Estado de Derecho, la división de poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y la designación de un Presidente y un Primer Ministro.

En cuanto a la Defensa del país y su institucionalidad, se plantean similares problemáticas al definir el Estado de Emergencia Nacional, aunque con las necesarias actualizaciones que responden al contexto actual; y en ambas constituciones se garantiza el derecho a la resistencia ante situaciones que pongan en peligro el orden establecido por la Carta Magna, así como la obligatoriedad de servir con las armas a la patria.

Si hablamos de deberes ciudadanos podemos encontrar también puntos de contacto en la estricta observancia de la Ley y la contribución a los gastos públicos, aspecto que no está de más recordar cuando algunos piensan en los tributos como un "invento" cubano de los últimos tiempos.

No estamos hablando de textos y procesos facsimilares. En 1940 el consenso popular se logró a través de una Asamblea Constituyente; ahora el pueblo mismo se erigió en poder constituyente. Si casi 80 años atrás se proscribía la discriminación por motivo de sexo o color de la piel, ahora se suman muchas otras figuras.

La Constitución del 40 se quedó en mera esencia programática y esa declaración de principios no encontró el camino que necesitaba en una proyección jurídica posterior capaz de encauzarla. La lección quedó aprendida. La que se propone ahora a referendo popular  establece, dentro de su propio texto, un plazo máximo entre seis meses y dos años para dictar todas las normas necesarias a fin de darle vialidad.

Al hablar de la Constitución del 40 Juan Marinello, delegado a la Asamblea Constituyente, consideró: “en lo declarativo es la más avanzada del continente americano en aquel entonces” porque recogió lo más progresista del pensamiento político de la época. Hay quienes aseguran que la constitución que votaremos el domingo es igualmente un texto de avanzada, moderno, aunque no coincido con esa opinión. Creo que pudo e intentó serlo, pero en algunos preceptos se quedó solo en la inicial pretensión. Lo que sí comparto es la certeza de que responde a su momento histórico y es resultado de una construcción colectiva.

Más allá de sus pronunciamientos, la Constitución del 40 satisfizo una aspiración en el orden constitucional que tenía el país, tal cual sucede hoy, y puso el acento en el debate público con el objetivo de alcanzar un consenso nacional. Uno de los más activos integrantes de la Asamblea Constituyente, Carlos Márquez Sterling, dijo: "No es una obra perfecta, pero responde a un Estado de Derecho. Y es la primera vez que la voz del pueblo de Cuba se hace realidad tras un largo y duro batallar".

Fue un pacto de fuerzas sociales, económicas y políticas. Nadie piense que fue fácil lograr coincidencias sobre asuntos como la intervención del Estado en la economía, o los derechos laborales, sindicales y de las minorías o los grupos culturalmente marginados. Pero a pesar de fuertes discusiones y posiciones contrapuestas, prevaleció la voz colectiva de la nación.

Ojalá también hayamos asimilado esa lección.

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