Vida en Boca de Naranjo

03/11/2017 03:35 Rubén Fiffe Ortiz fiffe@cmdx.icrt.cu 215
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En Boca de Naranjo, Baracoa Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda
En Boca de Naranjo, Baracoa Foto: Miguel Ángel Sánchez Pineda

De lo vivido en trabajo periodístico en el campo, escribo: nos separan unas dos leguas de la comunidad de Boca de Naranjo, en Quiviján, Baracoa. El camino que pensábamos hacer es imposible, pues el camión Kamaz en que viajamos ni con sus tres diferenciales puede atravesar un vial con grandes afectaciones desde el paso del huracán Matthew el pasado año.

Derrumbes, piedras enormes, palos atravesados, fangales, incomunican a casi cien pobladores con La Perrera, la localidad más cercana, y dificultan más la vida en un lugar que por la calidad de sus habitantes y su belleza debía ser orgullo del Consejo Popular Mabujabo-Quiviján.

Situada frente al caudaloso Toa, con playas de arenas limpias y piedras redondeadas, con el verdor contrastando con la transparente cinta del río, Boca de Naranjo parece un sitio idílico para el visitante ocasional.

A estas maravillas de la madre naturaleza agreguemos habitantes sencillos, honestos, trabajadores, tan bien llevados entre sí que parecen una sola familia preocupada por el futuro de niños que deben heredar tan buena fortuna.

Pero todo no es el encanto que parece. Desde el paso del meteoro de octubre de 2016 la economía de la Cooperativa de Producción Agropecuaria del lugar casi desapareció junto a las plantaciones de cocoteros, lo principal de la forma de producción, junto a los  cultivos varios y la cría de animales.

En contraste, con la ayuda posterior al sufrimiento se reconstruyeron la escuela, la tienda, los techos destruidos de las viviendas, la casa social. Todos contribuyeron, la agricultura comenzó a levantar, pero el camino, casi única vía de comunicación, sigue en espera de reparación, de una decisión perentoria de alguien que no tiene que caminar por allí.

Es cierto que alienta el transporte tradicional que constituyen las cayucas y los mulos, pero las embarcaciones casi han desaparecido, y los fuertes cuadrúpedos, viejos amigos del guajiro cubano, también están escasos por falta de granjas para la reproducción.

Agrego que los productos trasladados en estos medios a travñes de ocho kilómetros de trayecto desde La Perrera hasta la bodega muchas veces se mojan o estropean, con perjuicio para los clientes y el único trabajador del local de comercio.

Esta cotidianidad ensombrece la vida de hombres, mujeres y niños que laboran y se preparan para una vida mejor, que acogen con cariño a quien llega, como el viejo Evaristo Paján, quizás el poblador más longevo, que pese a 94 años encima es el mejor anfitrión, hace por mantener la cultura tradicional y por el respeto a los valores que desde hace tanto sembramos en el campo.