Siempre Fidel

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Cuando las puertas del infierno se abrieron sobre Baracoa

20/10/2016 18:12 Omar Suárez Argüello omar@cmdx.icrt.cu 729
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Huracán Matthew destroza pared frente a emisora de Baracoa Foto: Dayneris Navarro
Huracán Matthew destroza pared frente a emisora de Baracoa Foto: Dayneris Navarro

Son las 2 y 50 de la mañana del 5 de octubre del 2016 en la emisora baracoense La Voz del Toa. A mis espaldas, tras las ventanas de vidrio de la dirección, llueve copiosamente y los truenos del huracán Matthew retumban con estruendo, pero ya no causan ningún sobresalto en mí.

Realmente no es mi primer huracán. Contemplé el paso de Sandy en Santiago de Cuba cuando estudiaba periodismo, pero Matthew sí es el más poderoso que zarandea a Baracoa desde que se recuerde. ¿Qué será de este pueblo cuando él se marche? Es una pegunta que me atormenta ahora derribado sobre el buró de la oficina.

Parece una eternidad desde que el viento comenzó a soplar con violencia en la tarde del 4 de octubre desterrando la calma que imperó en el clima baracoense hasta esa mañana.

Gris, pero aún clara, era la tarde cuando los vientos de tormenta tropical que preceden a la verdadera tempestad quebraron una pared y precipitaron un pedazo de ella contra el techo de la Filial de Ciencias Médicas; un pequeño alarde del huracán a la vista de nuestra emisora, para que los comunicadores vieran una muestra del terror por venir.

Mis compañeros y yo llevamos dos noches pernoctando en la emisora, sin bañarnos, con poca agua y comida…; pero por alguna razón aún reímos y bromeamos, quizás porque es parte de ser cubano o simplemente para no pensar en el estruendo que impera fuera de los muros de La Voz del Toa.

Trabajamos con ayuda del grupo electrógeno de nuestro medio ya que desde hace horas el fluido eléctrico abandonó a la ciudad por razones de seguridad.

Atendemos e informamos paso a paso por las redes sociales lo que sucede a nuestro alrededor, informándonos por medio de mensajes o llamadas de celular pues fuera de los muros del medio las condiciones meteorológicas y la oscuridad empeoran minuto a minuto.

Como mis zapatos dejaron pasar el agua y suenan a chapoteo, pese al aroma de mis pies húmedos, camino descalzo de un teléfono a otro, autorizado por mi jefa del informativo, para atender los enlaces informativos con otras emisoras e informar lo que sucede. Otros periodistas se afanan junto a mí en esa labor mientras otros descansan.

Pese al nervio que me suscita enfrentarme a nuevas situaciones entró en contacto una y otra vez, por citar unos pocos ejemplos, con las emisoras Radio Bahía, La Voz del Atlántico, Radio Angulo, Radio Victoria, Radio Progreso y Radio Rebelde.

Nunca terminaré de agradecer el apoyo moral y la solidaridad expresada en cada una de esas llamadas hechas en la complicidad de las audiencias y el éter.

Ya las líneas comienzan a cruzarse, con la consiguiente distracción que ello ocasiona, mi reporte para la emisora provincial de Granma lo hice escuchando el de mis colegas Mirna Rodríguez y Rubén Fife para los oyentes matanceros.

Medio muerto de sueño aprovecho la tregua telefónica para centrar mi atención en un racimo verde de uvas de caleta que aterrizó en medio del temporal, casi seco, en el portal de nuestra emisora; lo curioso del hecho es que las matas que dan esos frutos están a varios kilómetros de aquí. Pensando en eso estoy cuando una extraña calma llama mi atención. Aunque no lo podemos ver, el ojo de Matthew mira a Baracoa fijamente.

Por curiosidad más que valentía, asomado al lobby compruebo que el poste frente a nuestra planta radial se quebró y cuelga lastimeramente. Siento una fina llovizna salada cayendo sobre mí y escucho truenos, muchos truenos como tambores lejanos en la oscuridad.

El bramido oceánico se siente cerca y no me extrañaría que de un momento a otro llegue a los pies de emisora. Pasada una hora, el clima se deteriora rápidamente de otra vez. Oigo las tejas de cerámica de casas vecinas estallando en el pavimento y las láminas de zinc rodando por las calles. El segundo golpe viene con más fuerza que el primero. Las puertas del infierno están abiertas otra vez pero ya no me arrancan reacción alguna.

No estoy solo, delante de mí duermen apaciblemente las hijas de la secretaria del director y de la jefa de programación, como si el mundo no se estuviera acabando allá afuera. ¿Quién puede dormir así en esta noche de vigilia? Solo la inocencia y la conciencia tranquila de los niños pueden conciliar el sueño en estos momentos.

La lluvia poco a apoco reemplaza la trifulca de los vientos y me pregunto ¿cómo retomas el hilo de una vida luego de tanto horror y devastación? No lo sé, pero los baracoenses siempre lo hacemos. Levantarse luego de una caída no es una mera consigna para movilizar a las masas, es una necesidad.

Suena el teléfono otra vez, estoy descalzo, son pasadas las tres de la madrugada, tengo hambre y aún no sé cómo está mi familia. Solo sé una cosa, cueste lo que cueste, Baracoa se levantará…  

  • Rafael Martinez Petez

    Muy bella narracion de lo que acontesio en esos momentos de insentidunbre, pero poco a poco se volvera a la calma y Baracoa ranacera de la destruccion comoel ave Finix resurgio de las Cenizas.

    2016-10-21 14:29:32
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  • Yuney lores palmero

    Baracoa se levanto,con un solo brazo,demostrando que es la baracoa de todos los tiempos,un pueblo humilde pero valiente, crecido como su toa ante las dificultades,felicidades al equipo de la emisora,linda crónica la de este baracueso, demostrando ser digno hijo mi ciudad,fueron momentos difíciles,pero gracias ustedes los que estamos fuera de Cuba pudimos estar al tanto de todo lo que estaba acontenciendo,gracias mil gracias.

    2016-10-21 01:22:03
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